En primer lugar, felicitar el año a todos los lectores, a los veteranos y a los que poco a poco se van sumando a este proyecto. Como es tradición, les ofrezco la lista de los mejores libros que leí a lo largo del año que se acaba, con sus correspondientes enlaces, con alguna excepción como "La fiesta del chivo", del que me encuentro en plena realización de artículo, que será el primero que salga en enero, seguramente. Por último, agradecer a todos mis amigos la compañía y los estupendos momentos que me han brindado este año, tanto en los distintos clubes de lectura y el taller de escritura como en nuestras particulares reuniones diurnas o nocturnas. Un abrazo a todos.
1. Misericordia, de Benito Pérez Galdós.
2. Si esto es un hombre, de Primo Levi.
3. La montaña mágica, de Thomas Mann.
4. El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad.
5. La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa.
6. La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig.
7. La fortuna de los Rougon, de Emilio Zola.
8. El vizconde demediado, de Italo Calvino.
9. La historia interminable, de Michael Ende.
10. Elogio de la ociosidad, de Bertrand Russell.
11. Nada, de Carmen Laforet.
12. Los justos, de Albert Camus.
13. Relatos de Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle.
14. El castillo, de Franz Kafka.
15. El adversario, de Emmanuel Carrère.
16. Tartufo, de Molière.
17. Las partículas elementales, de Michel Houellebecq.
18. Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro.
19. El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.
20. Sin destino, de Imre Kertesz.
21. Los demasiados libros, de Gabriel Zaid.
22. El banquero anarquista, de Fernando Pessoa.
23. A través del espejo, de Lewis Carroll.
24. Los días felices, de Samuel Beckett.
25. Estudio en escarlata, de Arthur Conan Doyle.
26. Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes.
27. Sed de sangre, de Joanna Bourke.
28. Leer Lolita en Teherán, de Azar Nafisi.
29. La Tierra permanece, de George R. Stewart.
30. Akhenaton, de Naguib Mahfuz.
31. El factor humano, de John Carlin.
32. Nuestro corazón, de Guy de Maupassant.
33. Luna de lobos, de Julio Llamazares.
34. El doble, de Fiodor Dostoievski.
35. Chesil beach, de Ian McEwan.
36. Tres novelas ejemplares, de Miguel de Unamuno.
37. Dersu Uzala, de Vladimir Arseniev.
38. Las conversaciones privadas de Hitler, de Hugh Trevor Roper.
39. El árbol, de Slawomir Mrozec.
40. Bestias sin patria, de Uzodinma Iweala.
41. La quema de conventos en Málaga, de José Jiménez Guerrero.
42. El coloso de Nueva York, de Colson Whitehead
43. Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite.
44. Primera nieve en el monte Fuji, de Yasunari Kawabata.
45. La vida nueva, de Orhan Pamuk.
46. Los hermosos años del castigo, de Fleur Jaeggy.
47. Tanta gente sola, de Juan Bonilla.
48. El afinador de pianos, de Daniel Mason
49. Celda 211, de Francisco Pérez Gandul.
50. El corazón de la tierra, de Juan Cobos Wilkins.
Tenía ganas de leer algo de Elvira Lindo que no fuera "Manolito Gafotas", porque me habían hablado maravillas de su escritura. Lo cierto es que he salido altamente decepcionado con mi primera experiencia con un libro suyo. En todo caso, la asistencia a la presentación de ayer mereció mucho la pena y he elaborado un pequeño reportaje:
http://www.suite101.net/content/lo-que-me-queda-por-vivir-elvira-lindo-en-mlaga-a33607

Me gustó más de lo que pensaba este sencillo libro de Martín Gaite. Como ella misma dice, la sencillez en la literatura no está reñida con la calidad, más bien al contrario. La historia de Sara Allen me recuerda a un sueño que se me repite a menudo. Estoy en Nueva York. En las afueras. Quiero llegar a Manhattan y ver la gran ciudad, pero nunca llego. Quizá algún día.
Un hermoso cuento de hadas. Una buena lectura para la Navidad:
http://www.suite101.net/content/caperucita-en-manhattan-una-novela-de-carmen-martin-gaite-a33113
Este es el siglo de China, oimos decir insistentemente. El gigante asiático ha despertado y su voracidad parece no tener límites. Sin una opinión pública libre, sin oposición política y con un apetito capitalista desaforado, los tentáculos económicos chinos se mueven por todo el mundo firmando negocios sin tener en cuenta principio ético alguno. Es el sueño hecho realidad para muchas empresas: un mercado de mil millones de personas ansiosas de consumir y mejorar su nivel de vida, que trabajan por sueldos irrisorios.
El mejor ejemplo de todo esto es Foxconn, una empresa que pronto va a sobrepasar la barrera del millón de trabajadores en nómina, famosa por el alto número de suicidios entre sus empleados, que trabajan a destajo para que en occidente podamos disfrutar de las ventajas de la novedosa tableta de Apple, cobrando algo más de cien euros al mes. Es lógico que los chinos aspiren a mejorar, que sean ambiciosos. La pena es que tengan que hacerlo en condiciones laborales propias de las novelas de Charles Dickens. Lo malo es que esta imbatible competencia nos acaba afectando. Algún día, los trabajadores chinos organizarán sindicatos independientes y reclamarán mejoras laborales. Mientras tanto, es a los trabajadores occidentales a los que se obliga a flexibilizar sus condiciones de trabajo en nombre de la competitividad.
¿Es el sistema político chino el sistema del futuro? Las democracias caen cada vez en un mayor desprestigio, roidas por las luchas internas entre partidos políticos, que deben planificar sus políticas, no pensando en una estrategia como país a largo plazo, sino intentando contentar lo más inmediatamente posible a los votantes, a través de la promoción de líderes populistas. Esto da pie a políticas erradas que dan lugar a enormes déficits, que al final deben pagar los trabajadores. En estas estamos, mientras las llamadas "economías emergentes" (muchas de ellas de países democráticos) se llevan el gato al agua.
Las mismos gobiernos democratas son aplaudidos cuando imponen (cada vez con más frecuencia) soluciones duras a los conflictos. En España lo hemos visto con el tema de los controladores aéreos. Aunque en esta ocasión la solución haya sido acertada, por ser prácticamente la única posible, el gobierno debería evitar la tentación de gobernar a partir de ahora a golpe de decreto. En la última reunión del Ecofín, la ministra Salgado ha sido felicitada por sus colegas, que se han mostrado impresionados por las medidas económicas impuestas en España para superar la crisis. Todas son medidas impuestas desde el ejecutivo con escaso consenso social.
¿Son más efectivas las dictaduras que las democracias? A principios de los años noventa la respuesta a esta cuestión no admitía dudas. La caída del muro de Berlín hizo que la democracia se prestigiara de una manera inédita hasta entonces. Hoy día ese entusiasmo está en franco decrecimiento. El prestigio de la política se encuentra en sus niveles más bajos y los ciudadanos los aprecian más como causantes que como solución a sus problemas cotidianos. La continua campaña electoral transmite mensajes vacíos y reiterativos que solo calan en los ya convencidos. La abstención en las próximas elecciones será un buen barómetro para medir el auténtico descontento social. Además, en las revelaciones de Wikileaks se prueba el doble rasero que siempre habiamos sospechado que existe en las relaciones internacionales de Estados Unidos.
En el caso español, el principal problema está en la educación, un factor imprescindible para el progreso que se ha ido deteriorando con el paso de los años, por lo que una buena parte de las ciudadanos son altamente manipulables y no les interesa demasiado informarse de lo que sucede a su alrededor, algo que siempre han buscado las dictaduras para perpetuarse en el poder. ¿Quiere esto decir que exista el peligro de volver a la dictadura? Ni mucho menos, pero sí que la democracia vaya perdiendo sentido paulatinamente, al ir restando cada vez más derechos al ciudadano de a pie y que este cada día se muestre más distante con la política, como si de una fatalidad inevitable se tratara.
En cualquier caso, nunca se sabe como evolucionarán los acontecimientos. Aunque no es probable, no sería inverosímil que en los próximos años se fraguara una revolución democrática en una China que hoy por hoy se dedica a vetar a su Premio Nobel de la Paz. La prosperidad económica acaba siempre llevando aparejada ansias de libertad a sus beneficiarios. Además, la economía es una ciencia tan impredecible que es capaz de hacer ganadores a los perdedores de hoy y viceversa. Lo importante es que, ya que estamos perdiendo nuestro bienestar económico, no acabemos perdiendo también nuestras libertades. Ese sí que sería un camino sin vuelta atrás.
Vaya por delante que el cine de Tim Burton me gusta, sobre todo por el hecho de que ha sido uno de los pocos directores que ha logrado imprimir su propio estilo dentro de la conservadora industria de Hollywood. Pero, en todo caso, gran parte de su cine está sobrevalorado, porque impera más la estética que el contenido.
Claro está que Burton consiguió tal hazaña porque supo conectar con el público. Para poner "Eduardo Manostijeras" en su contexto, no hay que olvidar que el director venía de filmar "Batman", un proyecto arriesgado que se saldó con gran éxito (en parte gracias a una campaña de marketing especialmente machacona), donde se daba su peculiar visión del hombre murciélago como un tipo extraño y psicótico que podía compararse al Joker, retrato que ofreció, por cierto, sin poner enfásis en una perspectiva realista que acabaría ofreciendo Christopher Nolan.
"Eduardo Manostijeras" nos presenta un personaje ciertamente insólito, una especie de Pinocho siniestro cuyo creador (Vincent Price) fallece antes de poder acabar de construirlo, por lo que sus manos, que provisionalmente eran unas enormes tijeras de podar, quedan definitivamente constituidas así. Lo más destacable de la película es el contraste que ofrece entre la vida cotidiana y normal en un pacífico pueblecito que parece sacado de la mente de David Lynch y el gótico mundo del que proviene Eduardo, lo cual terminará desatando el conflicto, una metáfora del cotidiano miedo al diferente.
Entre medias, una historia un poco errática, donde asistimos al imposible intento de transformación del freak en una persona normal, que sea útil a la comunidad. Claro que el concepto de utilidad varía de unas personas a otras... El tono poético de la historia queda acentuado por la historia de amor entre Eduardo y Kim, que acaba sintiéndose atraída por esa mezcla de inocencia y patetismo que imprime Johnny Deep a su personaje (un papel que antes rechazaron, entre otros, Tom Cruise, Tom Hawks y alguien muy apropiado para su interpretación, Michael Jackson).
No quisiera dejar pasar esta fecha sin recordar que hoy hace dos años comencé esta aventura personal. Es muy satisfactorio tener una plataforma para escribir y llegar a los lectores, que son los que me motivan a seguir.
Un abrazo a todos.
Bertrand Russell es uno de mis escritores de cabecera, a pesar de que, por desgracia, tengo que evitar sus escritos consagrados a las matemáticas. Desciende de una línea de filósofos libres, como Voltaire, que afortunadamente van apareciendo aquí y allá en distintos momentos de la historia. Quien me conoce sabe que "¿Por qué no soy cristiano?" es uno de los libros que más me ha influido.Lo que más me gusta de Russell son sus ensayos divulgativos, esas pequeñas perlas de sentido común en los que el pensador se expresa con plena libertad, aún sabiendo que sus opiniones pueden ser escandalosas o incluso le pueden valer encontronazos con la justicia, como le sucedió más de una vez.
En el provocativo "Elogio de la ociosidad", Russell se atreve a arremeter contra la economía capitalista para abogar por su transformación en un sistema mucho más humano, donde se establezca un reparto equitativo del trabajo y la gente disfrute de tiempo libre para su desarrollo personal. ¿Una irrealizable utopía? Por supuesto que sí, por desgracia, pero una hermosa utopía, me atrevo a añadir:
http://filosofiasiglosxxxxi.suite101.net/article.cfm/elogio-de-la-ociosidad-bertrand-russell-y-el-mundo-laboral
Muy desconcertante esta novela de Pamuk, pues el lector, por muy atento que esté a la narración, puede perderse fácilmente. Lo mejor es atenerse a las anárquicas reglas que Pamuk imprime al relato y tratar de disfrutar de su estilo. En todo caso, me ha parecido una novela fallida, pues el mensaje del autor no queda nada claro y me ha producido momentos de irritación ante la abundancia de pasajes demasiado oscuros. Aquí el enlace:
http://www.suite101.net/content/la-vida-nueva-una-novela-de-orhan-pamuk-a32100
He dicho alguna vez que el cine de animación está superando a muchas películas de imagen real en cuanto a originalidad en los guiones e incluso, aunque parezca insólito, en cuanto a la calidad de sus interpretaciones.
No es exactamente el caso de "Megamind" cuyo argumento no brilla precisamente por su originalidad, pero que en conjunto constituye un buen espectáculo, por encima de la media del cine que se estrena hoy en día. El cine de superhéroes está de moda desde hace algunos años. La mirada que adopta este film resulta sorprendemente íntima para tratarse de animación. Su idea central me recuerda poderosamente a la genial mirada de Peter Bagge en la parodia que dibujó de Spiderman. En un determinado momento, en lo más crudo de una pelea, Peter Parker se da cuenta de que la vida que lleva es en realidad infantil y decide dejar de ser superhéroe y madurar, ante la desesperación del doctor Octopus, que le necesita como enemigo para continuar con la diversión. Esto es precisamente lo que le sucede a Megamind: una vez que derrota definitivamente a su némesis (un trasunto de Superman, pero sin la humildad del original) se da cuenta de que su existencia entra en el vacío, sin más perspectiva que el gobernar la ciudad conquistada según sus caprichosos deseos.
Esto es lo que ha manifestado más de una vez el Joker en algunos de los más celebrados comics de Batman: que sin el murciélago no es nadie, casi como si estuviera enamorado de él. En realidad una de las tesis más interesantes del origen de Batman es que está vinculado al surgimiento de todos esos psicópatas que pueblan Gothan City, que no hubieran sido posibles sin su existencia previa.
Para mí lo mejor de la película es la presentación de los personajes: como la fortuna sonrie a Metro Man desde la más tierna infancia y castiga a Megamind, que se da cuenta (aunque después descubrirá lo contrario) de que no se puede luchar contra el destino y como los enfrentamientos entre los dos son una película que se repite semana tras semana, como sucede en los viejos comics de superhéroes, donde siempre el supervillano termina encerrado para volver a escaparse de prisión.
"Megamind" es una buena diversión para estas fechas. Aunque de manera un tanto ligera, habla de temas universales, como la redención o la responsabilidad, trasladados, eso sí, a las reglas del mundo de los superhéroes, un mundo tan absurdo como seductor.
Al final va a ser culpa de los pasajeros, que se empeñan en volar en fechas clave, como el puente de la Constitución, Navidad o el mes de Agosto. ¿No han aprendido ya que las huelgas de los servicios aeroportuarios son una de nuestras más arraigadas tradiciones? Últimamente son los controladores los que se llevan el gato al agua, pero recordemos como los pilotos han protagonizado (y protagonizarán, sin duda) episodios similares en fechas no muy lejanas. Es una máxima perversa: los colectivos de trabajadores con mejores condiciones laborales son los que mayor capacidad tienen para protestar.
Y en este caso, las circunstancias de la huelga han sido especialmente sangrantes: sin previo aviso los controladores no han acudido a su puesto de trabajo y algunos de ellos se atrincheran en un hotel próximo al aeropuerto de Barajas. El gobierno reacciona militarizando el servicio y generando noticias en los periódicos que parecen sacadas de la Guerra Civil: "El ejército ya controla Madrid, Barcelona, Ceuta y Canarias..." Y esta mañana se amaga con la declaración del estado de alarma, algo inédito en nuestra democracia. Si después de esto, los controladores quieren continuar el pulso, la situación puede ser desastrosa.
Aquí tenemos el resultado de la acción de un colectivo que cree estar por encima del bien y del mal, que puede jugar con el destino de cientos de miles de personas simplemente por ejercer su derecho al pataleo. Un médico lo ha explicado gráficamente, en uno de los miles de testimonios que van llegando de la gente atrapada en los aeropuertos: "es como si un cirujano abandonara de pronto al paciente al que está operando a corazón abierto."
No entraremos aquí en la discusión de si son lícitas las razones de los controladores para ir a la huelga, aunque se ha publicado ampliamente en la prensa cual es su sueldo y cuales sus privelegios. Si se recompensa de esta manera a este colectivo, es porque su trabajo requiere una alta responsabilidad, de él dependen millones de personas que confían en que comprar un billete de avión no puede ser nunca equivalente a quedar atrapado en un aeropuerto. La acción de anoche es altamente irresponsable y posiblemente delictiva. Y llega en el peor momento posible, cuando la imagen de España ante el resto del mundo se encuentra en sus horas más bajas. Este caos no ayudará nada a recompenerla.
No soy partidario de usar a los militares para arreglar problemas políticos o laborales, pero lo cierto es que el gobierno tenía poco margen de maniobra en este caso, porque estos trabajadores han hecho un uso abusivo de su poder para convertirse en chantajistas. Cualquier grupo de trabajadores que hiciera algo parecido en cualquier otro sector, estaría fulminantemente despedido. Mientras miles y miles de familias sobreviven precariamente a la crisis, contemplamos estupefactos la acción salvaje de personas que ganan más de 300.000 euros al año. Ya veremos como acaba este intento de controlar a los controladores.
Ayer tuve la suerte de ser invitado al acto de presentación del primer libro de mi amigo Ricardo. Y el escenario de su puesta de largo en Málaga no podía haber estado mejor escogido: el Ateneo.
Ricardo es un enfermo de la literatura. Durante un año fue colaborador del programa "El planeta de los libros", de Radio Círculo, cuyo concurso literario había ganado poco antes. Hasta hace pocos meses ha dirigido un taller literario en Benalmádena. Ahora, nuevas inquietudes le han llevado a establecerse en Valencia.
Las presentaciones literarias suelen tener un guión establecido, que más o menos conocemos los que asistimos de vez en cuando a ellas. Después de una presentación elogiosa por parte de otro escritor, el autor hilvana un discurso más o menos brillante acerca de su obra. En esta ocasión el guión se siguió al dedillo y, tras la introducción de dos de sus colegas, Ricardo comenzó a hablar con rigor y amenidad del contenido de su ensayo: nos recordó lo maravilloso que resulta el lenguaje, tanto el oral como el escrito y todas las herramientas que posee, para hermosearlo o darle más significado. Acrósticos, epigramas o prosopopeyas eran presentadas al público como auténticas realizaciones del ingenio humano. Pero no era Ricardo quien recitaba los ejemplos. Allí estaban las personas-libro del Proyecto Fahrenheit 451 que se levantaban de su asiento para recitar los poemas o fragmentos de Neruda, Borges, Lorca o García Márquez que ilustraban las palabras teóricas de Ricardo. Una presentación hermosa, didáctica y muy amena.
Comparto con ustedes algunas frases de la introducción de "Palabras literarias":
"Y es que para escribir hay que aceptar una soledad enorme. Las grandes obras surgen de ahí, son el resultado de un proceso de crecimiento largo y hondo y terminan brotando cuando el escritor es capaz de expresar su propia complejidad interior, cuando encuentra su propio camino en ese laberinto lleno de brumas misteriosas y belleza terrible , cuando entra en esa soledad única, de la que surgirá el milagro en el instante en que llegue el momento y para la que debe preparse." (Ángeles Lorenzo Vilme).
"Con las palabras damos forma a nuestros pensamientos, por lo que la claridad de la expresión debería ser el precepto dominante del lenguaje, cuyo cuidado es responsabilidad de quienes lo usamos y, de manera especial, de aquellos que lo emplean como herramienta de trabajo, tal vez porque son los que descubren y se deleitan con sus frutos secretos." (Francisco Muñoz Guerrero).
"A ese fin se han dedicado los escritores a lo largo de toda la historia de la literatura, a traducir el pensamiento en expresiones que fueran capaces de tocarnos, incluso de cambiar la química de nuestros cuerpos. Para ello crearon cada vez más recursos y técnicas del lenguaje con que construir estas frases, muchas de las cuales están en la memoria colectiva de todos nosotros y para siempre." (Ricardo Guadalupe).
Dejo aquí el enlace a su blog, un lugar donde constantemente se experimenta con las palabras:
http://tienesmipalabra.blogspot.com/
El año se acaba, y como es tradicional en diciembre, la actividad cultural se ralentiza para dar paso a las fiestas. Hago el habitual repaso a los clubes de este mes, teniendo en cuenta que ni en la Fnac ni en la Casa del Libro van a celebrarse hasta enero.
En la Biblioteca Provincial estamos leyendo "Elogio de la ociosidad", de Bertrand Russell, una serie de interesantísimos ensayos del escritor británico que, a pesar de estar escritos hace ochenta años, están de plena actualidad.
En Cincoechegaray se va a leer un libro muy corto, pero de gran calidad, de un escritor portugués al que estuve visitando este verano: "El banquero anarquista", de Fernando Pessoa.
En Club de Lectura de la Biblioteca Cristóbal Cuevas, toda una dama de nuestras letras: "Caperucita en Manhattan", de Carmen Martín Gaite.
En el Centro Andaluz de las Letras, "Lo que me queda por vivir", de Elvira Lindo, con presencia de la autora, acto que se realizará en el Museo Picasso.
Respecto al cine forum, sigue adelante, pero todavía no he podido ajustar la fecha. Veremos y debatiremos acerca de "Lo que queda del día", de James Ivory.
Si van surgiendo novedades, como es costumbre, se irán colocando en la columna de la derecha. Felices lecturas navideñas a todos.