miércoles, 21 de enero de 2009

ESCRIBIR


(Texto realizado ayer a vuelapluma en el taller de escritura de La Casa de las Palabras, con leves modificaciones).

Últimamente he descubierto que me apasiona escribir. Siempre había tenido deseos, pero era algo vago, algo que eternamente dejaba para más adelante. En realidad, no me sentía preparado. Tenía una visión de la escritura como algo muy serio y trascendental y no me atrevía a mancillar el buen nombre de mis escritores favoritos intentando compararme a ellos. Solía justificarme diciéndome a mí mismo que todavía no había leído todo lo que tenía que leer antes de poder empezar. A veces incluso llegaba a la realización de un vago intento de escritura, pero no llegaba más allá de unas pocas líneas.

Cuando descubrí la Casa de las Palabras, fue un acto de valor y compromiso conmigo mismo, bastante inusual en mí lo que me llevó a empezar a escribir. Quizá se me abrió la mente en ese momento y advertí que no tenía que buscar la perfección, sino solo contentarme a mí mismo, que todo llegaría con el trabajo y la constancia. Y sobre todo, que no tengo por qué ser Benito Pérez Galdós, sino que tengo el derecho a explorar, a buscar mi estilo, a intentarlo y a fracasar cuantas veces sea preciso.

He descubierto que la escritura es tan adictiva como la lectura y que se complementan una a otra, como si estuvieran unidas por vasos comunicantes que se alimentan recíprocamente. He descubierto que la vida es mucho más rica si tienes la posibilidad de escribir sobre ella, que todas las circunstancias pueden ser relatadas con total libertad, que se pueden exagerar las propias vivencias, inventar otras nuevas, ser influenciado por hechos cotidianos o por las más fantásticas ideas, mezclarlo todo o no mezclar nada. ¿Qué libertad es más absoluta que esa? ¿Qué mejor patrimonio puede uno poseer que sus propios escritos y los escritos que nos agraden de los demás?

Compartir una afición con almas afines es el ideal para cualquiera. Con la literatura resulta algo aún más especial, pues cada cual tiene su estilo, sus obsesiones, sus vivencias y su manera personal de plasmar todo eso en un papel en blanco. Puedes ir conociendo íntimamente a las personas a través de sus escritos. Intuyes lo que hay de personal y de influencias exteriores en ellos y sobre todo a veces consiguen que se te abra la mente y en ocasiones en una ebullición tal de ideas que es difícil de controlar. Esa es en realidad la tarea del escritor. Buscar información, influencias, elegir, ordenar, descartar, pero sobre todo entusiasmarse, contagiar entusiasmo y ser contagiado por el entusiasmo de otros. Y no esperar nada, solo una satisfacción íntima y nuevas ideas que se transformen en nuevos escritos.

2 comentarios:

  1. Muchas gracias, amigo. La escritura es como el arroz brillante, que no se pasa, puedes cocinarla a tu gusto y siempre es un placer su digestión.

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